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09/12/2006

26 de noviembre - 9 de diciembre

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Ruta por el norte de Argentina. En breve texto y más fotos.

Lugares: Salta, Tilcara, Humahuaca, Purmamarca, Salinas Grandes, La Quiaca, Yavi, Iruya y Tafi del Valle.

10/12/2006

Murió Pinochet

Otro dictador que murió de viejo. Una suerte que no tuvieron muchos chilenos hace no tantas décadas. En Argentina habrá que esperar aún a que pase lo mismo con Videla y Massera. Wikipedia ya lo ha anotado.

10/12/2006 21:08 Autor: circulantperargentina. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

15/12/2006

Cactus, salares, perros y cabras. Viaje por el norte

Como todos los viajes que he hecho hasta el momento, el punto de partida es invariable: Estación de Retiro, de donde salen los ejércitos de colectivos micros que van para cualquier parte de este país de 5.000 km.

Es domingo 26 y el viaje parece peligrar porque no logramos comunicarnos con Jael, compañera de viaje cuando fui a Uruguay como recordaran los lectores más fieles de esta página. Solucionado el problema de los celulares, a las 15.45h partimos rumbo a Salta, a la conquista del árido norte argentino.

Parapetados en el segundo piso de un colectivo Chevalier, recorremos los 1.508 km en 20 horas.

El paisanaje de Buenos Aires ha desaparecido. Aquí, el color de la piel no engaña, estamos en la América indígena y mestiza. Ergo: cantamos como una almeja con nuestras pieles desteñidas. Esa es una de las cosas buenas de viajar, ver que cuando uno sale del terruño no es nada, solo una alma errante en un lugar ajeno que tiene que hacer de hormiguita humilde y persistente para ser aceptada por la comunidad.

Nos alojamos en el hostel Quara, donde conocemos a Paolo, un italiano que lleva un año viajando por toda América Latina, de México hasta el extremo sur argentino. Nos cuenta que lo que más le ha gustado es Colombia, donde estuvo un mes. Luego añade, como de pasada... que estaba viviendo con tres chicas vascas. Díganle tonto al tano. Salta no nos ha gustado demasiado, por no decir más bien poco. Lo mejor, las vistas de pájaro desde uno de los cerros que la rodean y la protegen. Luego, a modo de turismo religioso, destacar la iglesia de San Francisco y la Catedral. Bonitos vestigios de la colonización española.

Al día siguiente, sin más demoras, nos vamos para Tilcara. ¡Ah! Tilcara, eso ya es otra cosa. Patrimonio de la UNESCO, es un pueblecito espectacular enclavado en la quebrada de Humahuaca, un escenario mezcla de paisaje lunar y far west, con millones de cardones (cactus). Espectacular. Nos alojamos en el Hostel Tilcara, un sitio acogedor, lástima de Paola, la chica cansada de la gran ciudad que se fue a vivir al monte y que con esa decisión personal parecía creer estar un paso por arriba del resto de los mortales viajeros. En fin, confundir la velocidad con el tocino es moneda corriente en cualquier lado del planeta. Pero ahí estaba ella todas las tardes, sentada frente al televisor riendo con las tonterías de la prensa del corazón argentina, esa lacra formada por manadas de imbéciles a sueldo de las relaciones públicas y los patrocinios que también acecha incansable en las pantallas del sur del mundo.

Increíble la caminata hasta la Garganta del Diablo, en las montañas que hay detrás de Tilcara. Increíble y sería perfecta si no se hubiera caído la cámara digital al riachuelo, cuando ya teníamos la cascada en los ojos. Por suerte, se salvó la tarjeta. La cámara todavía está decidiendo si tiene ganas de volver a funcionar. La bajada hasta Tilcara la hacemos acompañados de una niña que nos sigue los pasos, como protegiéndonos las espaldas.

Después de dos noches más en Tilcara agarramos otro colectivo y para Purmamarca, el pueblo de los siete colores en los cerros. De ahí, excursión en combi hasta las Salinas Grandes, un salar situado a hora y media de Purmamarca y al cual se llega después de franquear un puerto de montaña de 4.100 metros. Pisar un salar es como estar andando por el mar. O por el cielo. La uniformidad del blanco avasalla, y la luminosidad de la sal, ciega. En medio de ese inhóspito lugar unos cuantos chicos trabajan de lunes a sábado por 400 pesos al mes (100 euros) colectando sal, agazapados en la trinchera de la precariedad laboral. Tapados hasta los ojos se mueven a ritmo cansino, como esperando que de pronto el mal sueño se acabe y se puedan convertir en uno de esos turistas que van a ver el salar, como nosotros, y que al cabo de un rato se van. En la combi vamos nosotros dos y una familia de chetos (pijos) argentinos que no hacen más que rezongar y de lamentarse de lo largo que es el camino hasta el salar, una simpática chica de Chicago y un alemán con unas ganas locas de practicar sus rudimentos de castellano. El conductor es un chico boliviano que ha tenido más suerte que muchos de sus compatriotas que van a ganarse el pan a la Argentina, su Europa más cercana, y que disfruta de lo lindo conduciendo la furgoneta. En el hostel de Tilcara conocemos a Diogo y Cleriston, dos brasileños bastante personajes.

La siguiente parada en el mapa es en La Quiaca, la ciudad más al norte de la Argentina, justo en la frontera con Bolivia. Ciudad fronteriza y, por tanto, sitio de trapicheos varios, tanto relacionados con el comercio de cualquier producto legal como sobretodo con el tráfico de drogas, no invita mucho a quedarse a menos que uno quiera hacer negocios. Así que nos vamos para Yavi, un pueblo a 18 kilómetros al oeste. Al mediodía, y bajo un sol de justicia empezamos a andar hasta el pueblo. Al cabo de cinco kilómetros a Jael se le ampollan los pies así que hacemos dedo (autoestop) para llegar. El quinto auto, una pick-up, para y nos acerca al pueblo. En Yavi conocemos a una pareja de argentinos, él comercial de Honda y ella profesora de historia, y a Hernán y Claudio, dos jóvenes argentinos que nomadean por el mundo vendiendo bisutería. Hernán es el típico argentino chamuchero chamullero y Claudio, el bohemio. Un dúo de lo más singular y divertido y al que luego nos tropezamos en Humahuaca un par de veces más. Nos explican que empezaron haciendo artesanía pero que desde hace un tiempo lo compran todo en Brasil para hacer más rentable el business. Han pasado de artesanos al import-export. Han cambiado de estatus.

Después de pasar otra jornada en Salta debido a la falta de un medio de transporte, a las 7 de la mañana agarramos un colectivo todo-terreno para llegar a Iruya, un enclave de cojones a 2 horas y media de la capital salteña. Iruya es un paraíso montañoso, perdido entre unos valles y unos precipicios de espanto. Está a mucha altura y todos los movimientos tienen un pequeño plus, más o menos perceptible, de dificultad. Desde Iruya, donde pasamos dos noches, hacemos una excursión a un pueblo cercano. La hacemos acompañados de Will, un abogado inglés de veinte y pico que chapurrea el castellano como puede, y de Jerome, un francés que no deja sola a la italiana que hace dos días que viaja con él. Y también nos acompañan dos chuchos que se aburrían en Iruya. La excursión discurre por la ribera de un arroyo. A la vuelta, ocurre el suceso del viaje. Uno de los perros, empieza a perseguir a un rebaño de cabras y dos de ellas, viéndose acorraladas, se tiran por un margen de altura considerable. La pastora nos empieza a gritar que quiere que le paguemos 50 pesos por cada cabra. Le decimos que el perro no es nuestro y que nos ha seguido desde el pueblo. No nos cree y nos repite como 15 veces que le paguemos las cabras. Al final optamos por no discutir más y nos vamos. Nos amenaza que nos va a denunciar a la policía. Nos fuimos sin saber si las cabras habían muerto o las había recuperado sanas y a salvo.

De Salta y Jujuy bajamos hasta Tafí del Valle, en Tucumán. De la tierra inerte de Salta y Jujuy pasamos al Jardín de la República. Exuberante, con 1.000 matices de verde y mucha selva, no podemos creer que en 2 kilómetros haya cambiado tanto el paisaje. Pasamos del sol agobiante a las nubes, la niebla y la humedad. Comemos unos quesos caseros de deluxe, caminamos un poco por los alrededores y damos por finalizado el viaje.

Fotos

1Kiosko del huerto 2Salta, la catedral 3Salta, la catedral II 4Salta, la catedral de noche 5
Salta, igésia de San Francisco 6Salta, iglésia 7Salta, vista aérea 8Salta, vista aérea II 9Salta, vista aérea III 10Salta, dos en uno 11Salta, la terminal 12Salta, la terminal II 13Salta, vias mojadas 14Camino a Tilcara 15Camino a Tilcara II 16Tilcara  17Tilcara II 18Tilcara III 19Tilcara IV 20Tilcara V 21Tilcara, el gil 22Tilcara, excursión a la garganta 23Tilcara, excursión a la garganta II 24Tilcara, excursión a la garganta III 25Tilcara, Jael 26Tilcara, Marc 27Tilcara, Dr.Hoffman 28Tilcara, excursión a la garganta IV 29Tilcara, Marc II 30San Salvador de Jujuy, Terminal 

IIII FOTOS NUEVAS YA COLGADASIIII

1Camino a Salinas grandes 2Camino a Salinas grandes II 3Camino a Salinas grandes III 4Salinas grandes 5Salinas grandes II 6Salinas grandes, Jael 7Salinas grandes, Jael II 8Salinas grandes, Jael III 9Salinas grandes, Marc 10Salinas grandes, Marc II 11Salinas grandes, Marc III 12Salinas grandes, Marc IV 13Salinas grandes, Marc V 14Autostop para ir a Yavi 15Autostop para ir a Yavi II 16Yavi 18Yavi II 17Humahuaca, el puchero loco 18Camino a Iruya 19La Quiaca 20Purmamarca 21Purmamarca II 22Purmamarca III 23Purmamarca IV 24Purmamarca V

17/12/2006

Se viene el nuevo Anem-hi!

20061217061353-anemjai.jpg

Noviembre-Diciembre.

Para el primer número del año que viene: entrevistas a Julià Guillamòn y Juan Diego Botto sobre la muestra Litaratures de l'Exili, que tiene lugar en el Centro Cultural Recoleta.

29/12/2006

Navidades calurosas

En verano la de ya por si ambigua ciudadprincesa-ciudadvagabunda, Buenos Aires, se vuelve todavía más sucia. El olor de las basuras invade esquinas y olfatos. El juguito de los desechos orgánicos se esparce cual mancha de aceite en múltiples rincones. Los olores de la gente en subtes y colectivos emergen en todo su esplendor. Es una manera diferente de pasar la habitual navidad europea. Buenos Aires parece hacerse más canalla y a ratos también parece pedir urgentemente una buena ducha de agua fría.

***

Hoy al fin pudimos llevar la revista Anem-hi! a la imprenta. Como es habitual, hemos llegado a las 8 y media de la mañana y hasta las 12 no he podido largarme para casa (Quim se fue un poco antes). Trabajan a destajo y no dan el abasto. Así que en vez de renunciar a parte de la mierda que imprimen para ir más holgados, prefieren no cumplir con los plazos que prometen (la última vez casi tres semanas sino más) y estar siempre enfadados con los clientes. Es su opción.

***

TMM

 TMM

TMM

TMM

TMM

Mad Crampi, Salvatore Luccerto & Cia., ya acabaron el rodaje de Todos Mis Muertos en Esquel, en la Patagonia. Etiquetado como  spaghetti-zombie-argento según sus padres espirituales, TMM significa la primera vuelta de tuerca importante en la trayectoria de Crampi y Luccerto. Más ambición y seguro, mejores resultados, en una película que puede sorprender a más de uno. De momento, y a la espera del tráiler, aquí se pueden ver fotos y leer el diario de rodaje.    





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